¿No entiendes ni PÍO sobre la menstruación?

Actualizado: abr 29

Creo que a todas nos pasó: cuando nos enseñaron por primera vez sobre la menstruación no entendimos ni pío, quedamos confundidas y con un temor inmenso de quedar embarazadas antes de lo previsto. Puede que hasta el día de hoy todavía no entiendas bien, por eso haré todo mi esfuerzo por explicarte, porque una vez entendemos esto, nuestra vida cambia.












Las fases folicular y lútea (Sigue leyendo para entender estos términos)

Nuestro ciclo comienza con la fase menstrual, que inicia con el primer día de sangrado, momento en el que nuestro nivel de hormonas es bajo, al igual que la temperatura basal (temperatura de nuestro cuerpo al momento de despertarnos). Al final de la menstruación, entramos en la fase preovulatoria, caracterizada por la producción una hormona conocida como hormona foliculoestimulante (FSH), que promueve el crecimiento de unos folículos en el ovario para que alguno se convierta en óvulo. En este momento, suben los niveles de estrógeno, otra hormona que impulsa el crecimiento del tejido mucoso

endometrial del útero.


Estas dos fases que mencioné (menstrual y preovulatoria), conforman la fase folicular, es decir, un periodo en el que comienza el crecimiento de folículos para que alguno de ellos se convierta en óvulo. La fase folicular dura hasta el momento de la ovulación.


En la fase de ovulación, que ocurre a mitad de ciclo, incrementa nuestra temperatura basal y hay un brusco aumento de la hormona foliculoestimulante y la hormona luteinizante (HL), las cuales estimulan la maduración del óvulo. Entre el día 14 y 15 de un ciclo de 28 días, el óvulo que se ha venido formando es liberado hacia el útero y viaja a través de las trompas de falopio. La ovulación, representa para la mujer una oleada de creatividad en su máxima expresión, acompañada de diversas hormonas producidas para crear y desarrollar.


Tras la ovulación, comienza lo que se conoce como fase lútea, compuesta por las fases ovulatoria y premenstrual, la cual dura hasta el siguiente sangrado o hasta el implante de un embrión cuando el óvulo ha sido fecundado.


Cerca del día 16 inicia la fase premenstrual, o postovulatoria, en la que el cuerpo hace una revisión de lo que sucedió con el óvulo para proceder de acuerdo a si el óvulo fue o no fue fecundado. Biológicamente, lo que sucede es que el cuerpo lúteo (lo que queda del folículo tras la ovulación), incrementa los niveles de progesterona, hormona que prepara al endometrio en el útero para recibir al óvulo fecundado.


En caso de que el óvulo no haya sido fecundado, éste se desintegra a las 24 horas en las trompas de falopio e inmediatamente bajan los niveles de las hormonas FSH y LH. Lo anterior, genera un atrofio en el cuerpo lúteo porque ya no se produce más progesterona, y por lo tanto, 14 días después inicia el periodo menstrual.


Es importante tener en cuenta que la fase folicular (del día 1 del sangrado hasta el día de la ovulación) varía en cantidad de días dependiendo de cada mujer pero a partir de la ovulación, se cuentan 14 días (los 14 días de la fase lútea) hasta que llega la menstruación.


Durante estas semanas premenstruales entramos en un estado de reflexión y evaluación en el que nos conectamos con nuestra sabiduría interior y podemos analizar los aspectos negativos y positivos de nuestra vida. Por lo tanto, tenemos más a la mano la capacidad de reconocer para transformar, somos más propensas a conectarnos con nuestras emociones y con lo que tiene sentido para nosotras.


Como lo han podido notar, a través de todo el ciclo menstrual hay una relación muy cercana entre nuestra psique y el funcionamiento de nuestros ovarios. Cuando comenzamos a valorar nuestro ciclo menstrual como un sistema de guía interior y conexión con nuestra sabiduría femenina, damos inicio hacia un camino de sanación hormonal, emocional y racional. Si nos permitimos el autoconocimiento y nos acercamos a los mensajes que trae nuestro cuerpo, podemos ser más compasivas con nosotras mismas, entender nuestros ritmos, no juzgarnos ni exigirnos lo imposible y vivir satisfechas con nuestro sexo y lo que esto implica mes a mes.


En este camino, aprendemos a conectarnos con nuestra creatividad, inspiración, reflexión, momentos de descanso, inhalación y exhalación, a saber que somos cíclicas, cambiantes y auténticas. De lo contrario, entramos en un juego cíclico de quejas, frustraciones, reproches y distanciamiento interior.


Fuentes:

1. Northrup, C. (1999). CUERPO DE MUJER SABIDURÍA DE MUJER, Ediciones Urano S.A., Barcelona, p.141 - 245.

2. Rodriguez, Sonia (2016), Cuaderno Menstrual, SHEREZADE Ediciones para mujeres, p. 4 y 5.

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