Primer paso para el 2022

Hace un año estaba en Madrid sintiendo el frío de la nieve. ¿Nieve? Sí. Hacía 11 años no nevaba en la capital y a finales del 2020, la pandemia cerró con broche de oro. Recuerdo mi felicidad como si fuera ayer. Nunca había visto nevar ni había entendido su magia: todas las personas conectaban con su niño interior y se dejaban sorprender por el cielo, jugaban con bolas de nieve, sacaban su skis para rodar por las calles de Madrid y este espíritu dominaba cualquier frío. Ver la interacción humana llenó de nuevo mi alma.


Pasar otra navidad lejos de mi familia me estaba comenzando a afectar y las 7 horas de diferencia horaria hacia Colombia me pesaban. Manejar Flow a la distancia se había convertido en un reto y aunque había logrado todo lo que me propuse al irme a vivir a España, no me sentía feliz. Estaba en la "cúspide" sin poder disfrutarla. Decidí regresar a Colombia, "poner la casa en orden", reconectar con mi origen y volver a un lugar seguro. La cuarentena lejos de casa había sido dura.


Regresé en Marzo de este 2021 y encontré un país golpeado por los paros y encierros y al mismo tiempo igual de cálido (o incluso más que antes). Ahora los encuentros presenciales incluían más abrazos reales. Las conversaciones se acompañaba de reflexiones profundas y pude percibir que la mayoría de personas conectaron con su ser. Había espacio para nuevas conversaciones. Muchos de mis amigos y familia hicieron cambios: se habían mudado de casa, conocieron a alguien, se fueron a vivir en pareja, tuvieron hijos y algunos se fueron a vivir al campo (algo que en tiempos pasados era una idea impensable para amigos de mi edad).


A medida que fueron pasando los meses de este año fui teniendo claridad en algunos aspectos y confusión en muchos otros. Moverme en un ambiente de tanta incertidumbre no me resulta usual. Entendí que no sólo me pasaba a mí. El año pasado se derrumbaron estructuras, hábitos, formas de interactuar y sueños que nos dejaron en una especie de limbo. Y esto me lleva a reflexionar:


Quizás no podamos predecir lo que va a pasar el año que viene. No sabemos si nos van a volver a encerrar o no. Sí sabemos que están comenzando a haber desabastecimientos, crisis económicas (principalmente para PYMES que cerraron durante pandemia) y alzas en los casos de Covid - 19 por las nuevas mutaciones, entre otros muchos fenómenos. Nos damos cuenta de que el poder está en manos de pocos y de que hay industrias que se han visto muy fortalecidas por la situación. Entendemos que hay muchas cosas que NO sabemos. Somos conscientes de que no podemos hacernos lxs ciegos. Pero también, si nos lo permitimos, podemos reconocer que dentro de cada uno de nosotros existen nuevas herramientas para vivir la vida de manera diferente. Y aquí llega el rayito de luz...


Este rayito de luz puede ir creciendo si tú lo permites y va a ser la clave para el futuro. Consiste en que conectes con tu llamado, tu propósito, tu razón de ser, estar y habitar este mundo. Nuestra consciencia (individual y colectiva) ha venido teniendo un despertar y ahora más que nunca es momento de que te preguntes "¿qué vine a hacer aquí y cómo puedo poner mis dones, amor y presencia al servicio de los demás y del planeta tierra para vivir de manera plena?".





Te doy un ejemplo de este despertar colectivo: personas jóvenes (como mis amigos que te conté) se están yendo a vivir al campo, a reconectar con la tierra para recordar que son autosuficientes y que pueden sembrar sus propios alimentos. En las ciudades y en sus alrededores están emergiendo proyectos comunitarios como Aldea Feliz, Plura, Masaya, entre otros. Muchas personas comenzaron a ir a terapia y quitaron velo del miedo a sentir, llorar, expresar la rabia. La meditación es una práctica que cada vez toma más fuerza porque nos saca del ritmo de autoexigencia e hiperproductividad para conectarnos con lo esencial... y así existen muchos otros ejemplos.


No todos podemos irnos al campo, crear nuestras propias empresas con fines sociales o darnos un año sabático para meditar. Pero sí podemos hacernos preguntas para entender si en lo que estamos haciendo hoy y en lo que estamos dedicando nuestra energía va a tener un efecto positivo en el entorno y en el mañana. Esta es nuestra responsabilidad. Tu responsabilidad. Mi responsabilidad.


Terminando esta recapitulación del año 2021 para repensar nuestro propósito, ser y hacer en el 2022, quiero invitarte que saques un papel en blanco y escribas las primeras palabras que se te vengan a la mente tras leerme. ¿Qué quieres que pase en tu 2022? ¿Qué viniste a aprender y a enseñar? ¿Qué te hace vibrar? Escribe. Recuerda que eres creador(a) de tu propia realidad y que viniste a dar mucha luz en este plano terrenal. Incomódate, revisa tus miedos y creencias limitantes y desafíalas porque todo buen viaje comienza por un primer paso.


Con amor,


Gabriela de Flow